Mujer y campesina

Por Yurena Manfugás

Según la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), institución gubernamental, la mujer cubana cuenta con todos los derechos y oportunidades que requiere para vivir plenamente. No hay diferencias económicas ni sociales entre las mujeres de la isla. Sin embargo, lo que menciona la FMC dista de la realidad. La gran parte de las viviendas de estas mujeres del campo son de condiciones precarias. Ellas no cuentan con todas las facilidades necesarias para desenvolverse en el ámbito privado, público y profesional. En el ámbito laboral, no cuentan con una buena representación sindical y de trabajadores en el sector agropecuario.

En el 2007, el gobierno cubano anunció medidas para promover el aumento en la producción de alimentos, por lo que se le iban a entregar a personas naturales y jurídicas, por medio del Decreto Ley 259 tierras estatales ociosas en usufructo. Esto fue de gran motivación para la mujer campesina, ya que al fin tendría la oportunidad de trabajar y cosechar sus propios productos. El problema surgió cuando un gran número de estas mujeres tenían que contar con el permiso de sus esposos, y no por estipulación del Estado, sino porque sus parejas eran los que decidían lo que ellas podían hacer o no. A diferencia de los hombres que no necesitan aprobación alguna para decidir que pueden realizar o no. 

El espacio rural es uno de los que más enraizado lleva los comportamientos patriarcales.  La mujer debe atender el hogar, al esposo y los hijos, y en caso de trabajar fuera de casa, debe tener un horario flexible que le permita responsabilizarse de las tareas de la casa antes de que llegue su pareja. 

Por otro lado, con el fin de incrementar la participación de la mujer campesina en las cooperativas, se han creado círculos de interés y cursos de capacitación, en los que las mujeres rurales pueden compartir sus preocupaciones y recomendaciones para el sector agropecuario. Allí aprenden cómo trabajar la tierra para no sentirse desvaloradas en comparación con los hombres. Pese a esta iniciativa, aún falta más por hacer.  

En la provincia de Santiago de Cuba, una de las más grandes de la isla, la FMC y la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP) han creado varias cooperativas, en las que mujeres campesinas participan. Pero el número de casi 6000 registradas hasta el 2017, no menos de 16 mujeres por cooperativa, no se compara con el de los varones, ya que es una actividad representada mayormente por el sexo masculino. Además, ellos son los que tienen la mayoría de los cargos administrativos y de responsabilidad en las entidades agropecuarias. A esta desigualdad se suma que las mujeres no cuentan con condiciones adecuadas de trabajo en los sembrados y muchas terminan con padecimientos complicados o grandes desgastes físicos.

Sobradas razones existen para decir que a la mujer campesina hay que seguirla llevando por un proceso progresivo de empoderamiento, en las que finalmente esté representada en igualdad de condiciones y oportunidades que los hombres. Se debe desarrollar de manera continúa su fuerza emocional y física, su creatividad y sus capacidades para alcanzar todos sus logros en el ámbito familiar y profesional.   

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