Famosos impunes y víctimas ridiculizadas

Por Yurena Manfugás

A pesar de la presencia de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organismo que debe encargarse de todos los asuntos correspondientes a la mujer en Cuba, las mujeres no están aún del todo protegidas contra actos de violencia de género. Este es un camino en el que aún falta mucho por hacer y por trabajar sobre todo cuando estos actos son cometidos por personalidades públicas o gente muy icónica dentro del marco cultural cubano. Los hombres siguen creyéndose dueños de las mujeres. Consideran que pueden maltratarlas sin que esto necesariamente tenga consecuencias para ellos a nivel personal o profesional. 

Como es sabido, las personalidades en el mundo de la cultura- principalmente los hombres- muchas veces tienen ‘banda ancha’ en cuanto a su actuar, ya que por su reconocimiento público les es fácil salir de situaciones en donde cualquier otro ciudadano ‘normal’ tendría que pasar por el procedimiento legal correspondiente. Cuba no está exenta de esta situación, ya sea por mantener la imagen del país o de sus artistas. La realidad es que en nuestra sociedad muchos famosos cometen actos de violencia contra mujeres, actuando como proxenetas, golpeándolas, acosándolas, etc., y lamentablemente no pasa nada. En muchas ocasiones las víctimas son mujeres que forman parte del público en donde estos artistas se presentan, y otras, forman parte de su grupo de trabajo, algo más común de lo que nos imaginamos.

Pero, cuando estas mujeres deciden denunciar a su agresor, ¿realmente reciben el apoyo necesario de las instituciones o son ignoradas por ser de más importancia la reputación de unos cuántos? Pues en este punto es cuando se complica todo para las víctimas, ya que la denuncia la hacen por redes sociales, porque no cuentan con el respaldo necesario de las instituciones correspondientes. Y si se presentan en la policía serían objeto de burla. Además de exponerse  a ser tildadas de locas u oportunistas, lamentablemente en muchas ocasiones por otras mujeres. 

Estas situaciones se vuelven una lucha constante por probar su historia, una lucha en la que muchas veces las víctimas se agotan y abandonan al ver que su caso no es atendido o respaldado por el Estado, y en otras el agotamiento surge por el miedo al poder tan grande de esas ‘personalidades’ que al decir de algunas “pueden desaparecerlas en cualquier momento”. Muchas pierden su trabajo, el respeto de gran parte de la sociedad y hasta son parte de disputas familiares. Todo por atreverse a denunciar a una personalidad de la cultura cubana, que al parecer por el actuar del Estado, no le corresponde pagar por su actuar.

Finalmente ni la Federación de Mujeres Cubana (FMC), ni la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia, ni la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) realiza un trabajo de seguimiento o investigación de estas historias. Las víctimas son revictimizadas una y otra vez, y los agresores obtienen más poder para violentar a otras mujeres que, al igual que estas, no serán escuchadas. 

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