Las mujeres cubanas en tiempos de COVID-19

Por Kirenia Flores

No es menos cierto que en estos tiempos de crisis, donde no se habla de otra cosa que del COVID-19, las mujeres han tenido un protagonismo esencial. Nuestra sensibilidad, sentido de pertenencia, solidaridad, amor hacia el prójimo, empatía; son cualidades que nos caracterizan y que siempre ponemos en práctica.

En Cuba, muchas mujeres han puesto a disposición sus habilidades manuales y con los recursos con los que cuenten han confeccionado nasobucos o mascarillas para repartir gratis a las poblaciones más vulnerables. Y aunque para muchos esto no sea la gran cosa, quiero comentarles que otras personas en las calles se dedican a venderlo para sacar provecho económico a esta situación, en vez de sumarse y apoyar a las mujeres que lo están elaborando.

Estos gestos de las mujeres son importantes en momentos en los que el Gobierno cubano no es capaz de garantizar dichos productos básicos para evitar que se propague la pandemia.

Debemos mencionar, además, aquellas mujeres que visitan a los ancianos que viven solos y les ayudan a limpiar sus hogares o les brindan un plato de comida, todo ello sin cobrarles un centavo; para luego volver a sus hogares a seguir realizando las tareas del hogar y atender a sus familiares, casi siempre sin ayuda de otros familiares. Todo esto sin mencionar la violencia doméstica o psicológica que muchas han recibido en casa por no tener todo limpio, o la comida a tiempo por estar ayudando a otros o como comentan en casa, poniéndose en riesgo; mujeres que toman todas las medidas pues saben el riesgo al que se someten, pero no por ello dejan de ayudar a los más necesitados. 

Lamentablemente el maltrato no solo viene de sus parejas o exparejas, sino también de los hijos, abuelos, nietos, incluso por parte de otra mujer o cualquier otra persona que viva en su hogar. Ni en tiempos de coronavirus la violencia doméstica cesa, todo lo contrario, aumenta.

La convivencia de toda la familia en estos momentos de aislamiento social empeora violencia física y fundamentalmente psicológica hacia las mujeres. Por lo general la ocupación y preocupación por el lavado y planchado de las mascarillas o nasobucos es de las mujeres, se cree que es responsabilidad exclusiva de ellas. De igual forma se les reclama que deben estar atentas a que todos se laven las manos y cumplan las medidas de higiene a cabalidad, mantener el hogar limpio y que no falten los recursos necesarios para ello.

En Cuba se percibe que aún las tareas del hogar no son distribuidas: todo lo tiene que hacer la mujer. Debe salir a comprar lo necesario y luego ocuparse de los quehaceres hogareños, mientras el hombre sentado mira la televisión y le proporciona el dinero necesario para las compras, y hay hombres que no aportan al sostenimiento económico en el hogar. 

También en Cuba se observa mujeres que no pueden salir de casa para nada, su única función es el cuidado de los hijos, los ancianos, la familia y el hogar en general, y si cuando el varón llega y no encuentra las cosas como las desea en ese momento o encuentra descansando a la mujer, la violencia entonces, toma su protagonismo.

Muchos otros son los ejemplos. Lo cierto es que la violencia y las incomprensiones hacia las mujeres no disminuyen. Es nuestra responsabilidad, aún en estos tiempos, defender los derechos de la mujer y erradicar paulatinamente cualquier acción de violencia o discriminación hacia las mujeres.  

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