Existe violencia en el mundo profesional

Por Kirenia Flores

La violencia sea cual sea su expresión, no escapa de nadie. No tiene solo que ver con el nivel intelectual que tengan las personas, sino más bien con su educación y las enseñanzas aprendidas por los padres. Es por ello por lo que observamos violencia en hogares con una pobreza material visible, y también en aquellos hogares con un mayor nivel de vida, donde pueden verse episodios de agresividad. Y es que la violencia no tiene que estar relacionada directamente con la situación económica o los recursos monetarios de las personas.

A veces entre más alto es nuestro nivel de vida o más estudiamos, más indisciplinados y agresivos somos con nuestro medio, los que nos rodean e incluso con nosotros mismos. Esto ocurre en ocasiones con los médicos. Se han visto casos de doctores con más miedo que cualquier paciente, de ser atendidos por otro colega de su misma profesión. Parece increíble, pero es cierto. Lo mismo ocurre con la violencia y quienes la aplican.

Hace unos años, un paciente me preguntó si existía violencia en hogares donde algunos de sus miembros son profesionales. No voy a negar que su pregunta me pareció un poco absurda en ese momento, pero luego entendí las causas. Muchas personas dan por hecho que en las familias donde todos o casi todos los miembros son profesionales, letrados o científicos no se producen incidentes de violencia de género.

Reflexionemos sobre uno de los tipos de violencia de género menos conocidos por los ciudadanos cubanos, y que las activistas de la Red Defensora de los Asuntos de la Mujer (Redamu) han dedicado sus esfuerzos en visibilizarla: la obstétrica. Se trata de aquella violencia que comete el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres. En este caso quienes ejerce la violencia son los propios profesionales de la salud, justamente de quienes se esperaría un mayor cuidado y protección sobre el cuerpo de cientos de mujeres.

Todos, de alguna forma u otra, hemos sido víctimas de agresiones o hemos aplicado la violencia hacia otros. Para ser violentos no solo tenemos que pegarle (violencia física) o gritarle a alguien (violencia psicológica), esto debe quedar claro. Somos iguales de violentos cuando ignoramos a los que nos rodean, o nos mantenemos en silencio en muestra de rebeldía (violencia psicológica). Existen de igual forma, expresiones extraverbales (miradas, gestos) que indican señales de violencia.

A veces cuando no hemos tenido un buen día en el trabajo, o discutimos con nuestro jefe, hijos, padres o pareja, cuando las cosas simplemente no han salido como esperábamos, adoptamos una conducta pesimista, incluso hasta agresiva, contestándole de forma inadecuada a cualquiera que solo nos saluda con amabilidad y cortesía.

Se supone que existen en la actualidad personas con mayor nivel de escolaridad que hace años atrás. Sin embargo, se siguen viendo o escuchando sobre actos conductas violentas en las distintas sociedades. Quizá se da por sentado que los profesionales no son violentos, pero lo cierto es que muchos, profesionales o no, no han sido educados en una cultura de respeto, igualdad que conlleven a colaborar en que existen cada vez menos episodios de discrimación o violencia de género.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *