El poder de las mujeres

Por Kirenia Flores

Hace apenas unas semanas, para mi fortuna, llegó una de las conferencias más increíbles que he visto en mi vida. No porque fuera dada por alguien sobrenatural, sino por la maestría en que fue abordado el tema del poder de la mujer a un público donde más del 70% de las participantes eran mujeres. 

El tema de la conferencia es precisamente el título de este artículo. Aunque el video está protegido por el derecho de autor y es prohibido su utilización, no me podía privar de brindar en este escrito los conocimientos aprendidos.

Hablar del poder de las mujeres a un grupo de mujeres es un gran reto; primero porque no suele relacionarse poder y mujer. Se cree, sobre todo, en sociedades machistas y patriarcales que ese rol recae sobre los varones. Luego porque a las mujeres nos cuesta reconocer, en muchos casos, que los métodos utilizados para defender y promover nuestros derechos deben realizarse a espaldas de los varones. Se cree que no se les debe involucrar en la defensa de los derechos de la mujer. Y por último porque a veces se piensa erróneamente que las mujeres son responsables de que sean víctimas de violencia de género, al excusar la responsabilidad que recae sobre los varones.

Actualmente la mayoría de las sociedades son dirigidas por varones, en donde se percibe a la mujer como el sexo débil o inferior al hombre. Y muchas veces son las propias mujeres quienes refuerzan erróneamente, con acciones tan sencillas, estereotipos para varones y mujeres. O cuando al momento de distribuir los roles de género se da por sentado que solo unos deben realizarlos mujeres; y otros, los varones. Veamos algunos ejemplos de ellos que han sido naturalizados en nuestras sociedades:

Cuando privamos al hijo varón de ayudar a su hermana en las tareas del hogar diciéndole que estas son responsabilidades solo de las mujeres, y que ellos están para realizar solo trabajos duros. También hemos escuchado frases como las siguientes: “las mujeres están para atender al hombre, la casa y los hijos; y ellos para trabajar y buscar la comida”. Sin que sea nuestro propósito, estamos reforzando estereotipos de género y acentuando las creencias de que somos nosotras el sexo débil. Estas son conductas y formas de pensar las transmitimos con mayor facilidad las madres a nuestros hijos, nietos o vecinos. 

Si por alguna casualidad, por ejemplo, solo tenemos hijos varones, se vuelve más complicado el tema cuando comienza la etapa de la adolescencia y empiezan a establecer relaciones de pareja. Queremos que sus parejas los atiendan, que los hagan felices, que los traten bien, y a veces nuestro amor incondicional de madre no nos deja ver el terrible daño que se puede estar ocasionando. Tampoco se les debe justificar sus infidelidades o su falta de madurez. Cada persona debe responder sobre sus actos. Libertad y responsabilidad deben ir de la mano.

Tampoco se debería justificar actos de violencia de parte de las parejas por el simple hecho de querer conservar la familia y la alegría a nuestros hijos con el amor de sus padres juntos. No vale la pena mantener una familia bajo estas condiciones.   

Pero ello, como consideramos que educar a los varones en cultura de igualdad de género y respeto a los derechos de la mujer, las activistas de la Red Defensora de los Asuntos de la Mujer (Redamu) involucramos en nuestros talleres de formación sobre los derechos de la mujer e igualdad de género a varones y mujeres, porque el solo realizarlo con el segundo grupo trasmitiríamos el mensaje incorrecto, es decir que la responsabilidad radica solo en ellas y para el bien de ellas.

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