La pandemia del COVID-19 versus la situación de las mujeres cubanas

Por Yudelkis Guilarte

Es un hecho que, a raíz de la actual pandemia por el COVID-19, las  mujeres son uno de los grupos más vulnerable de la sociedad cubana. Me refiero a las mujeres desempleadas, las madres solteras, las activistas y defensoras de los derechos humanos. Estas mujeres están atravesando la peor experiencia durante la pandemia, debido a la situación de crisis de desabastecimiento de productos que afectan a todos los cubanos, pero que sobre todo afecta de manera más fuerte a quienes viven en medio de una profunda inestabilidad económica en sus hogares.

Existen tres grupos de mujeres que son las más afectadas por la pandemia. Primero, están las mujeres que, antes de que empezaran las restricciones por el COVID- 19, no se encontraban vinculadas laboralmente, y que en estos momentos definitivamente tienen mayores dificultades para adquirir productos de primera necesidad, dado que no cuentan con dinero para comprar lo más básico para el hogar. Ellas están pasando carencias extremas, sin tener a donde recurrir en busca de ayuda.

En segundo lugar, tenemos a las madres solteras que aún teniendo un empleo y una entrada económica no logran cubrir sus necesidades y la de sus hijos por diferentes razones. Por ejemplo, algunas de estas mujeres no tienen con quien dejar a sus hijos cuando se encuentran realizando las colas interminables para comprar algunos productos de primera necesidad, y que en la mayoría de las veces tampoco logran encontrar debido a la falta de productos básicos. Para otras madres, la mayor prioridad, y a la vez una dificultad, es adquirir los medicamentos. En las farmacias les dicen que hay desabastecimiento de mediciones o que entraron pocos medicamentos, o el que desea comprar ya se terminó. Entonces allí surge la interrogante: ¿cómo hago para resolver esta situación de vital importancia? Y lo peor es que nadie les brinda una solución a su problema. Esto genera que, entre tantos problemas, se sume una preocupación más a la lista de sus necesidades.

Por último, y no por esto menos importante, están las activistas y las defensoras de los derechos humanos de la sociedad civil independiente cubana. Ellas en estos momentos están siendo más reprimidas por las autoridades, y hasta por mínimos aspectos que en sociedades democráticas no ocurrirían. Por ejemplo, cuando las mujeres activistas se encuentran cumpliendo y respetando las colas para comprar también productos de aseo fundamentales para la higiene, solo por hacer algún comentario o solo por sacar tu teléfono para visibilizar los reales problemas que atraviesan los cubanos durante el COVID-19 son multadas o reprimidas por agentes de la seguridad. También, en ocasiones, estos agentes se presentan en los establecimientos de trabajo, únicamente a crear caos y avergonzarlas delante de todos, realizan amenazas sin motivo alguno, vulnerando así los derechos ciudadanos. Ciertamente la situación y problemática de la mujer cubana hoy se ha vuelto insoportable e inmejorable en tiempos del COVID-19.

Actualmente, la situación de la mujer en Cuba es deprimente. No se cuenta con respaldo y protección legal de los derechos de la mujer en la isla. Es una imagen muy común ver mujeres que sufren estrés debido a la pandemia o la preocupación en sus caras frente a las tiendas ante el temor de no alcanzar los productos básicos para el hogar. Es difícil exponer esta realidad, pero a la vez es inevitable abordarla porque Cuba es una sociedad donde no se respetan ni se valoran las libertades y derechos de sus ciudadanos, y mucho menos se defienden o respetan los derechos de la mujer. En resumen, es una constante lucha entre el COVID-19 y la realidad de las mujeres desprotegidas en la isla. 

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