La violencia hacia la mujer en la sociedad cubana del siglo XXI

Por Deyni Terry.

En medio de un escenario generado por la invasión epidemiológica de una pandemia que pende de la vida de las personas como la espada de Damocles[1], las mujeres cubanas se reinventan día a día, porque de alguna manera se han visto rodeadas de situaciones de las que no pueden escapar.

La violencia hacia las mujeres es un fenómeno que afecta no solo a estas, sino que repercute en muchos casos en sus hijos, familiares allegados, y en algunos supuestos hasta en sus ascendientes, es decir en los padres o ancianos que integran las familias. 

Aunque parezca que la situación cambia favorablemente, lo cierto es que ha empeorado, apareciendo nuevas maniobras de abuso que ponen a las mujeres en constante situación de peligro, y realmente este es un asunto al que hay que atender. La violencia hacia las mujeres presupone inevitablemente un llamado de atención, en un país que, aunque pobre, tiene la obligación de poner la mirada jurídica en la protección de la mujer.

Desde los inicios del siglo en tránsito, varias estudiosas de los temas de género han venido advirtiendo sobre las situaciones agravadas, sin que haya una respuesta efectiva del Estado cubano.

En tiempos tan distante como el 2005, la Universidad de La Habana llevó adelante una Maestría sobre Género, porque los asuntos que afectaban a las mujeres ya alarmaban a algunas personas. Diferentes representantes de estos estudios presentaron para entonces investigaciones de la problemática de la mujer en Cuba. 

En el 2012, se publicó un libro titulado La discriminación de género en el derecho y sus expresiones en la legislación y en la práctica jurídica, que planteaba: “Las asimetrías existentes impactan con particular crueldad en las mujeres y en el ejercicio de sus derechos. Se extiende y agrava la feminización de la pobreza, las mujeres continúan percibiendo salarios inferiores a los hombres por trabajos de igual valor, mueren o enferman para siempre por abortos ilegales, practicados en condiciones precarias e insalubres, otras son secuestradas por las mafias dedicadas al tráfico y trata de la explotación sexual y laboral con especial ensañamiento en las niñas, otras son violadas y embarazadas forzosamente en los conflictos armados. El feminicidio, espeluznante realidad, goza de desvergonzada impunidad. No se trata de hechos aislados.”

Muchas de estas aristas, imperan para la mujer cubana, que ha sido victima de feminización de la pobreza, que se han visto en medio de abortos ilegales, que han sido blanco de explotación sexual y que, durante la crisis por el COVID-19, ha sido víctima de feminicidio.

Tras el aislamiento decretado por el Estado cubano y no respetado por todos, prolifera conflictos en el seno de los hogares y fuera de estos, existen indicios de que policías, vistiendo sus uniformes reglamentarios han agredido a mujeres; incluso se conoció el caso de unas niñas víctimas de violencia sexual.

Desde una mirada jurídica, los desafíos son innumerables, en tanto que no se determina la existencia de una ley que proteja a las mujeres frentes a hechos de violencia, sin embargo, se continúan enraizando viejos paradigmas patriarcales y machistas en la sociedad cubana.

Un aspecto importante en relación a los costos de la violencia, corresponde a su repercusión en la salud de las víctimas y en este sentido, no nos referimos al deterioro provocado por el virus de la COVID-19, ni a otras patologías inherentes a una lesión, sino a las vidas que han resultado cegadas, solo porque los victimarios tienen la certeza que su “presa” está segura, en medio de la prohibición legal de salir de casa, y les han impuesto sus exigencias, privándolas de la vida ante sus negativas; razón por lo que en lo que va de aislamiento, ya se cuentan 7 feminicidios en Cuba de manera violenta, a manos de hombres, en lo que va del 2020.

La prevención y protección tiene que ser reales, no puede haber indulgencia ante las consecuencias del comportamiento violento, ni se debe continuar justificando con aspectos políticos lo que pone en peligro real la vida de las mujeres. 

No considerar la violencia como una de las principales causas de muerte para las mujeres actualmente, constituye una de las razones por las que apenas se logra definir el problema. 

En Cuba, la violencia contra mujeres se sigue viendo como un fenómeno difuso y complejo, pretendiendo tratarla como una cuestión de apreciación. Esto por supuesto, daña la vida de muchas personas y crea una suerte de descontento social y un manifiesto temor de quienes se ven sometida a una constante desatención y un peligroso desamparo legal.


[1] Personaje que aparece en una anécdota moral. (referida como “La espada de Damocles”). El origen de la leyenda se localiza en una historia de Sicilia, Italia. C-356-260 a C). 

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