Avances, desafíos y desigualdades entre las mujeres cubanas

Por Sara Cuba.

La conquista de los derechos de las mujer cubana a lo largo de la historia ha sido un proceso paulatino. En un inicio se exijiía el derecho a la igualdad dentro del matrimonio, el reclamo al divorcio, el derecho al voto femenino, etc. Todas estas conquistas han sido alcanzadas a base de sacrificio y tenacidad por las mujeres cubanas que nos precedieron, y que anhelaron que las generaciones futuras vivieran en una sociedas más igualitaria. 

En Cuba, en la Constitución del país como otros cuerpos legales se reconocen algunos derechos a las mujeres. Según el medio oficial cubano Granma,  en cuanto a la situación de la igualdad de género con relación a las mujeres en el 2019, la posición de las cubanas es favorable en comparación con el resto de las mujeres de América Latina. Según las cifras publicadas en una nota de este medio las mujeres cubanas representan el 53,22 % de los puestos ocupados en la Asamblea Nacional del Poder Popular; el 48,4 % de los integrantes del Consejo de Estado; el 60,5 % de los graduados de la educación superior; el 67,2 % de los técnicos y profesionales en toda la nación; el 49 % de la fuerza laboral en el sector estatal civil; el 48,6 % de los dirigentes y el 81,9 % de los profesores, maestros y científicos.  Lo que no se menciona en ninguna parte del texto es la desigualdad y exclusión de un sector muy importante de la sociedad civil cubana: las activistas y defensoras de los derechos humanos y la democracia. Ellas no participan de actividades políticas, no cuentan con una representación en el Parlamento, las organizaciones a las que pertenecen no son reconocidas legalmente por el régimen. Ademá son víctimas de acoso, detenciones arbitrarias y de violencia de género. 

Por su parte, el Código Laboral cubano cuenta con un capítulo dedicado solamente a las mujeres, y cómo se fomentar la igualdad en el trabajo entre hombres y mujeres. Sin embargo, en la práctica se requieren acciones para la eliminación de las brechas de desigualdad marcadas por los estereotipos de género. 

Si analizamos la problemática de la mujer cubana podemos encontrar cientos de conflictos en el sector laboral, familiar, doméstico y político. Las mujeres dedicamos diariamente la mayor parte del tiempo a las responsabilidades del hogar, al trabajo informal, así como a los roles que se nos ha impuesto socialmente.

Aún no se ha logrado conciencia plena de que las mujeres somos seres humanos iguales a los hombres, y en muchas ocasiones son las propias mujeres quienes insconscientemente refuerzan que los varones están calificados para cumplir con un rol o actividad, que sin lugar a dudas puede desempeñar una mujer. Las mujeres están tan capacitadas, por ejemplo, para ser líderes, y en el caso de algunas, pueden seguir complementar este rol sin descuidar las responsabilidades del hogar. Esto último de ninguna manera debe ser empleado para justificar  que solo las mujeres deben preocuparse por las tareas domésticas. 

Por otro lado, el feminismo en Cuba ha incursionado en fomentar el liderazgo social de las mujeres. Aún se debe seguir fortaleciendo la capacidad de liderazgo y su poder de convocatoria, ya sea dentro de las comunidades y organizaciones. Es una tarea pendiente para la sociedad civil cubana. 

Para lograr la conquista de nuestros derechos  debemos poner en práctica la hermandad o sororidad entre nosotras. Todas debemos vernos como iguales, sin tener en cuenta el color de la piel, la orientación sexual u otra índole.

Otro de los retos en Cuba es que las mujeres no debemos caer en un feminismo que nos divida. Es cierto que cada grupo tiene sus particularidades y objetivos, pero el respeto, la cooperación y la solidaridad deben ser elementos que todas debamos valorar. A pesar de las diferencias entre los grupos u organizaciones de mujeres, en nuestras manos está reconocer el enorme desafío de lograr la igualdad de género en la isla. La unidad debe llevarnos a exijir leyes que protejan y fomenten nuestros derechos. 

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