La violencia de género en Cuba, sí tiene que ver conmigo

Por Lucía Martínez

Es un problema visible, aunque los medios oficiales no aborden el tema con la profundidad que requiere. Algunas personas tienen una visión sesgada sobre este tipo de violencia y creen que solo ocurre en el caso de una agresión física. Pero, la violencia de género se manifiesta de muchas maneras. Identificarlas nos ayuda a defendernos y a educar a los demás para evitar reproducir ideas y acciones que afectan la dignidad de la mujer.

Por ejemplo, he sabido de mujeres que una vez en el salón de partos han tenido que escuchar, provenientes del personal médico (féminas incluidas) arengas como la que sigue: “Ah, ahora te duele y, ¿no te dolió cuando lo hiciste? ¡Ahora, aguanta!”. Cuando la gestante es víctima de esa clase de improperios o de acciones deliberadamente descuidadas durante el embarazo o el parto, se está ante la violencia obstétrica, una de las subcategorías de la violencia de género.

Si cuando sales a la calle tienes que evitar ciertos sitios porque sabes que allí te espera un hombre (o varios) presto a decirte cuánto te desea, enumerar las partes de tu cuerpo que le gustan o detallar la ropa que vistes… estás siendo víctima de acoso sexual callejero, y eso también es violencia.

Otro ejemplo de ese tipo de acoso ocurre cuando nos encontramos ante hombres que se masturban en público: todos sabemos que en cada ciudad de Cuba existe, al menos, un espacio en el que se concentran hombres exhibicionistas que se dedican a acechar a las mujeres, por lo general en rutas periféricas que conducen hacia centros escolares o residencias estudiantiles. Entonces, si no puedes transitar libremente por las calles de modo que te sientas segura, hay un derecho elemental que está siendo vulnerado.

Sea por hombres de bajo nivel cultural, o por jefes con maestría y doctorado que abruman con insinuaciones de índole sexual a sus subordinadas, el acoso sexual es inadmisible en un país que aspire a progresar socialmente.

Ya es hora de dejar de dulcificar la situación, refiriéndose al acoso como “galantería, tradición, cosas de la idiosincrasia”. Muchos países latinoamericanos (tan alegres y enamorados como nosotros) penalizan ese tipo de agresión, pues se ha concientizado que se trata de un delito que si no se tipifica, puede desencadenar otros hechos mucho más graves.

Entre todas las manifestaciones de violencia de género, la más peligrosa, dañina e irreversible, es el feminicidio, o sea, el asesinato de una mujer por el solo hecho de serlo. Por lo general, esta clase de crimen es cometido por un hombre cercano a la víctima, casi siempre su pareja o expareja.

Lamentablemente, en Cuba la ley no ha otorgado al feminicidio el tratamiento especial que requiere. En primer lugar, se trata de un delito que no está tipificado, lo que, obviamente, no significa que no exista.

Todos los años mueren mujeres a manos de sus parejas o exparejas. Todos podemos referir, al menos un caso reciente: una vecina, una amiga, alguna mujer próxima, o incluso, de nuestra propia familia.

Eso no nos hace peores, pues el feminicidio también es parte de la realidad de otras sociedades. Solo que, el que nuestros vecinos también lo sufran no debe servir de motivo para no reconocer que él, y todas las otras formas de violencia de género, deben ser encaradas por la sociedad cubana y comenzar a tratarse a nivel legislativo. Países como México, Venezuela, Perú y Bolivia han concebido leyes que tipifican el feminicidio.

Las instituciones del Estado deben ocuparse de que la mujer, además de no ser discriminada (acto que sí es desaprobado por la Constitución vigente, aunque, evidentemente subsisten formas veladas de discriminación), acceda a mecanismos efectivos que garanticen su protección en situaciones de riesgo.

Pero, para eso hay que reconocer el problema en toda su magnitud y trabajar en conjunto, hay que escuchar a las mujeres y a la familia cubana toda, conocer sus realidades, sus prejuicios, sus expectativas y propuestas. El triunfalismo no ayuda a asumir un problema social tan complejo, que puede manifestarse ante nuestros ojos o puede quedar oculto tras los límites del hogar. El triunfalismo ralentiza toda iniciativa de progreso y no contribuye a que el problema sea percibido por la familia cubana.

Por ejemplo, en un artículo titulado Violencia de género… ¿Tiene que ver conmigo?, publicado el 16 de diciembre de 2017 en el periódico Granma, podemos leer un texto de la psicóloga Mareelen Díaz, en el cual expresa: “Gracias a políticas sociales implementadas hace décadas, el contexto cubano muestra indicadores muy favorables. No se identifican en el país formas de violencia que aún existen en otras regiones del planeta”. Siempre es más fácil referirnos a lo que no sucede, que centrarnos en lo que sí sucede en Cuba.

Además, como la propia Mareelen Díaz expresa, se trata de “políticas sociales implementadas hace décadas”. Por lo tanto, son políticas que deben renovarse y ser funcionales para las necesidades de la sociedad cubana del siglo XXI. Una sociedad que hoy es más anhelante, diversa, compleja y enterada.

Por otro lado, el pasado mes de julio, tuvo lugar un evento jurídico denominado XIV Encuentro Internacional: Escuela de Verano de La Habana 2018, en el cual se debatió sobre la violencia de género.

A propósito de esto, en algunos medios de prensa se expresó que en este encuentro se llegó a la siguiente conclusión: “Hoy podemos afirmar que en Cuba existe todavía el fenómeno de la violencia de género, en cifras nada significativas…”[1] Pero, ante una proclamación tan triunfalista, nos preguntamos: ¿dónde están esas cifras? Nadie las conoce y de tales datos se nos ha venido privando por décadas. Si fuesen “nada significativas”, ¿cuál es el patrón de comparación para asegurarlo? ¿Acaso a una mujer victimizada le favorece saber si ella es el caso número 2 o el caso número 6 del año?

Es necesario dejar a un lado la autocomplacencia y valorar qué nos falta y cómo podemos conseguirlo. Por habitual que sea, no es admisible ninguna forma de violencia, ni la frase grosera, ni la obligación de presenciar actos exhibicionistas, ni la burla a una mujer que pelea por dar a luz, mucho menos el golpe como “castigo merecido”.

Loable sería rectificar y proteger a la mujer cubana. Ahora que la Constitución está cambiando, veremos si las leyes se enfocan más en esta cuestión urgente y dejamos de felicitarnos en exceso por razones que, muchas veces, ni siquiera tienen que ver con nuestra cultura.

  1. Ver http://www.acn.cu/cuba/35410-evento-de-juristas-debate-sobre-la-violencia-de-genero

Texto publicado originalmente en: https://alastensas.com/opinion/la-violencia-de-genero-en-cuba-si-tiene-que-ver-conmigo/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *