Violencia hacia la mujer, un problema social cada vez más visible en Cuba

Por Mery Paulín.

Ahora que la COVID-19 colocó la palabra pandemia en tantas conversaciones diarias, que se ha convertido en el centro de atención y provoca tanto miedo en muchos ciudadanos desde hace algunos meses, debemos recordar otra pandemia social que  afecta principalmente a las mujeres cubanas. Nos referimos a la violencia hacia la mujer. Esta violencia tan extendida en la isla, tan persistente en la vida de sus ciudadanos requiere de medidas para erradicarla y posibilitar que las mujeres cubanas tengan derecho a una vida libre de violencia. La violencia hacia la mujer constituye una vulneración implica a los derechos humanos, y es causante de múltiples consecuencias físicas, sexuales, psicológicas, e incluso muertes.

En Cuba, las medidas para enfrentar la transmisión del virus SARS-CoV-2, como el confinamiento en el domicilio, las restricciones de movilidad y la suspensión de actividades laborales y educativas, han aumentan el riesgo de violencia hacia las mujeres, sobre todo del tipo doméstica. Las medidas para mantener aisladas a las personas no tuvieron en cuenta que muchas mujeres conviven con sus agresores, que no existen órdenes de alejamiento efectivas, y si una mujer decide abandonar el hogar no existen refugios que puedan acogerlas y en donde puedan sentirse seguras.

Los múltiples casos en nuestro país ilustran cómo la violencia hacia las mujeres se ha disparado, muchas de ellas están bajo el mismo techo con su agresor, en un contexto de estrés, presión psicológica, sumada a la carencia de alimentos en la isla y un mayor responsabilidad de tareas en el hogar.

El hecho de que la violencia hacia las mujeres aumente mientras otros delitos han disminuido resalta que es un problema social y de salud pública que requiere que las autoridades de la isla tomen medidas para prevenir la violencia en los hogares, en la calle, en el trabajo o cualquier otro espacio que la mujer cubana ha conquistado.

Gritarles a las mujeres, insultarlas, prohibirles vestirse de determinada forma o negarles recursos económicos son manifestaciones que a menudo ni siquiera se reconocen como violencia, y son justificadas y naturalizadas por quienes las realizan, las viven o conocen.

El papel de las autoridades cubanas y de sus ciudadanos para erradir este problema social comienza precisamente por su visibilidad, con educar a ciudadanos en derechos de la mujer y continúa con el apoyo y orientación a las víctimas para que puedan salir del ciclo de violencia en la que están envueltas.

Como sociedad civil independiente hemos llevado distintas actividades para capacitar a las mujeres de la isla en el conocimiento de sus derechos. Nuestro objetivo es que conozcan y defiendan sus derechos, en una sociedad que ofrezca igualdad de oportunidades para mujeres y varones.

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